| Reuters
Ladero
(Perú)
Blandiendo sus machetes, cientos de trabajadores participan en la zafra azucarera, en una zona que hasta hace poco era un árido desierto en la costa norte de Perú.
En menos de 10 años, la industria azucarera peruana se ha transformado en un sector eficiente y productivo -con rendimientos parecidos a los de Colombia y mejores que los de Cuba y Estados Unidos- gracias a inversiones por 320 millones de dólares y modernos sistemas de irrigación.
Pero después de derrotar al desierto costeño, los 10 ingenios azucareros peruanos y sus 10.000 pequeños productores dicen tener un nuevo enemigo: un pacto de libre comercio con Estados Unidos que permitiría la importación de endulzantes de maíz baratos, reduciendo a la mitad sus ganancias. Según el jefe de negociaciones de Perú, Pablo de la Flor, este es un producto clave de los peruanos que el gobierno está dispuesto a defender.
"Estamos listos para competir en igualdad de condiciones, pero si ingresa al país el producto subsidiado por Estados Unidos, podría reducir nuestro negocio", dijo Alberto Otoya, director de Laredo, propiedad de la colombiana Manuelita y principal surtidor de las embotelladoras de Coca Cola y Pepsi en Perú.
Los ingenios peruanos produjeron casi un millón de toneladas de azúcar en el 2003, el nivel más alto desde 1975, al beneficiarse de un plan privatizador implementado desde 1997.
Ahora la industria apunta a incrementar considerablemente sus ventas de alcohol a base de azúcar a Europa, promover sus exportaciones del biocombustible etanol y producir suficiente azúcar para atender la demanda local, reemplazando las importaciones de productos ecuatorianos.
El gobierno peruano espera firmar a comienzos del próximo año un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos que le permitirá elevar sus exportaciones y alcanzar un récord de ventas de 12.000 millones de dólares en el 2005. En reciprocidad, Perú debe abrir su mercado a los productos estadounidenses.
La amenaza del ingreso a Perú del jarabe de maíz con alto grado de fructosa -una alternativa más barata para endulzar bebidas gaseosas- libre de impuestos podría ocasionar un desastre, dicen los productores.
Pactar o no pactar
Estados Unidos está presionando para incluir el azúcar y edulcorantes en el pacto comercial para ganar negocios en la gran industria de consumidores de azúcar en Perú, como Coca Cola, Pepsi y la bebida emblema del país, Inca Kola.
Pero su postura no sólo ha encontrado resistencia en Perú. República Dominicana, que también negocia un TLC con Estados Unidos, planea gravar las bebidas gaseosas importadas endulzadas con jarabe de maíz para proteger su industria.
El sector azucarero peruano es protegido actualmente por aranceles que hacen que los endulzantes importados sean tres veces más caros que los producidos con azúcar local.
Esa tarifa podría desaparecer rápidamente si se da luz verde al TLC. Miles de agricultores dicen que serán los grandes perdedores con el pacto comercial y están listos para protestar hasta que el azúcar sea dejada de lado en las negociaciones.
La mayor queja de los azucareros locales es por el subsidio de Washington al maíz e indirectamente al jarabe de maíz.
"Este no es un pacto libre. Estoy listo para movilizar a los trabajadores para demostrarlo en las calles si es necesario", dijo Julio Bustamante, director del ingenio de Cartavio, que fue privatizado en 1998 y es controlado en parte por la española Azucarera del Guadalfeo S.A.
Pero los analistas dicen que las empresas azucareras necesitan justificar por qué los consumidores deben pagar altos precios por el producto cuando hay importaciones más baratas y fácilmente disponibles como el jarabe de maíz.
"Los productores de azúcar no pueden ocultarse tras los aranceles sólo para beneficiarse", dijo el analista económico de la universidad limeña San Ignacio, Carlos Adrianzén. El gobierno peruano declinó comentar si el azúcar será incluida en un acuerdo comercial.
La producción de azúcar cayó 21 por ciento a 478.793 toneladas entre enero y agosto por la escasez de agua, evitando que el sector mantenga sus niveles del 2003.
"Sólo he podido cosechar la tercera parte de mis cultivos este año. Es una situación seria", dijo Francisco Galloso, propietario de 60 hectáreas de campos de caña de azúcar en el norte de Perú.
Las limitaciones
No hay futuro sin agua
Si se logra el bloqueo del ingreso del jarabe de maíz estadounidense a Perú, los productores tendrán que solucionar su problema de falta de agua para permitir el crecimiento del sector con el impulso de las exportaciones de alcohol y etanol.
La localización de los cultivos de caña de azúcar en la costa irrigada por ríos que nacen en los Andes, permite una producción todo el año, una ventaja que tienen pocos países.
Pero una prolongada sequía en los Andes este año ha mostrado los límites de desarrollo de la costa desértica y la necesidad de más proyectos de irrigación a gran escala.
Los productores están esperanzados en un proyecto de 465 millones de dólares que irrigará unos 110 kilómetros de la franja costera utilizando el agua proveniente de ríos que abastecen unas 70.000 hectáreas. El plan podría unirse a los canales de irrigación construidos en la década de 1990, conocidos como Chavimochic, y podría estar funcionando en el 2008, si se obtiene el financiamiento de organismos multinacionales. |