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DIARIO LA REPUBLICA
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05 de Octubre de 2004
El Tratado no es la opción para acabar con la pobreza
 

Rosalba Cubillos F.
José Alejandro Tapias, un campesino de Chiapas que desde hace más de 50 años está dedicado al negocio de vender revistas y periódicos, dice que mediante su actividad a lo largo de 10 años ha sido portador de noticias del Tratado de Libre Comercio que firmó su país con Estados Unidos y Canadá, pero a la hora de la verdad él no ha sentido que su negocio ni ambiente familiar hayan mejorado en términos económicos como resultado del Tratado.
"Hoy, tengo que responderle lo mismo que le dije a una periodista norteamericana que me entrevistó hace 10 años cuando la noticia novedosa era la firma del TLC. Muchos no estábamos preparados para un acuerdo que sólo ha cambiado el modo de vivir de quienes escogieron ese camino para mejorar sus condiciones económicas", afirma el vendedor mientras atiende las solicitudes de muchos de sus clientes que cada día llegan a su negocio, ubicado cerca de la Columna de la Independencia conocida como El Ángel, situada en el Paseo de la Reforma (Ciudad de México).
Aún así Alejando Tapias reconoce que hoy vende periódicos y revistas de otros países con los que su país ha firmado acuerdos de libre comercio. México ha firmado en los últimos años 11 acuerdos comerciales con 43 países, siendo el más reciente el que suscribió con Japón.
Desde otro escenario, el director general del Grupo Agros, Fernando Camacho, quien tiene otra visión del Tratado y lo defiende por lo que ha representado en prosperidad para su entorno ejecutivo y familiar, señala que el índice de pobreza en México, que es de 82 por ciento en las áreas rurales, no es culpa del tratado y obedece más a problemas estructurales que México no ha podido resolver. El país no ha tenido fuentes suficientes para generar los empleos productivos que se requieren.
Las dos anteriores visiones confirman la afirmación de varios de los 18 conferencistas que la semana pasada expusieron a un grupo de 11 periodistas colombianos los pro y contra del TLC. Ellos desde diferentes ópticas reiteraron que no todo lo malo que ha ocurrido en México se debe al tratado y que el acuerdo no debe verse como la tabla de salvación para resolver los problemas sociales y de pobreza. Se trata de una vía para llegar al crecimiento. En ese sentido los expertos consideran que el punto tiene que ver más con ajustes estructurales e institucionales que el gobierno debe emprender, los cuales tendrán que abarcar no sólo el tema de infraestructura sino otras áreas que todavía registran problemas de competitividad.

No sobrevender
Mientras en Colombia el gobierno y algunos voceros del sector privado son optimistas con lo que pueda representar un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos, México, a partir de las vivencias del Nafta, académicos de ese país recomiendan no sobrevender los alcances de un proceso de esa naturaleza.
Para el académico Antonio Ortiz Mena, del Centro de Investigación y Docencia Económica de México (Cide), una de las lecciones que dejó el tratado del Nafta es que no conviene sobrevender las virtudes y defectos del mismo. También el experto es de la idea de que el acuerdo no es la vía para combatir la pobreza ni tampoco es una solución mágica. Con el TLC no se han cumplido ni las previsiones de los más optimistas como tampoco las de los que nunca le apostaron al proceso.
Al hacer un balance de 10 años del Nafta, el experto sostiene que los beneficios que se previeron con el tratado eran claros, pero eso no es lo que hoy se ve. El boom económico que había en la economía norteamericana en los inicios de los noventa le permitió a México una concentración de su comercio hacia ese destino. Tal hecho significa que antes del acuerdo ya había un camino abierto. En cuanto a los problemas del campo tampoco se puede echar la culpa al acuerdo de lo que sucedió en algunas áreas rurales, ya que un elemento que pesó fue el desplome de los precios del café.
En materia de inversiones tampoco el acuerdo ha sido novedoso. Sólo lo fue entre 1993 y 1994 cuando la inversión extranjera directa pasó de 5.000 millones de dólares a 14.000 millones de dólares. Hoy no se ha superado esa barrera y el rubro está estancado.
La virtud del tratado se ve más por el lado de los logros macroeconómicos. Según Ortiz Mena, México se ha podido desprender de lo que en ese campo muestra el resto de los países de América Latina. En riesgo país, tasas de interés y otros indicadores, el país en referencia sigue la curva de Estados Unidos y Canadá.

Evolución de las exportaciones
Cuando expone algunas cifras del tratado destaca que en 7 años las exportaciones mexicanas pasaron de 40.000 millones de dólares a 165.335 millones de dólares en 2003. El punto es que buena parte de ese crecimiento se sustentó en la industria maquiladora.
Si bien hay un superávit comercial de más de 40.000 millones de dólares, esos datos no coinciden con la desaceleración que hoy se advierte en la economía mexicana, teniendo en cuenta que después del tratado el país ha crecido pero no a tasas sostenidas. Después del acuerdo comercial, el mejor desempeño de la economía mexicana se logró en el año 2000 cuando hubo un crecimiento de 6,9 por ciento. Para este año está previsto un PIB entre 3,5 por ciento y 4 por ciento. El gran reto ahora es mirar cómo se consigue un crecimiento sostenido.

Maquiladoras
Mexicanos, con as bajo la manga

Las maquiladoras mexicanas, cuya muerte fue pronosticada por algunos inversionistas debido a la competencia con China, han encontrado nueva vida al explotar su proximidad con Estados Unidos.
La producción de las plantas mexicanas, que importan materias primas libres de impuestos para después exportarlas como productos terminados principalmente a Estados Unidos, creció 10.1 por ciento a tasa anual en junio. Las plantas se beneficiaron de los relativamente bajos costos de transporte en México. En el crecimiento también contribuyeron bienes de alta tecnología como los teléfonos portátiles, cuya corta vida útil hacen obligatoria su rápida entrega.
El crecimiento ha desafiado las predicciones catastróficas de que países con una mano de obra más barata, especialmente China, han desplazado a México como proveedor de bienes de bajo costo y bienes manufacturados a la mayor economía mundial. Las maquiladoras son el motor principal de la recuperación de la economía mexicana, que crecería 4 por ciento en 2004. El país en referencia envía cerca de 90 por ciento de sus exportaciones a su vecino del norte Estados Unidos, su principal socio comercial.