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Es doloroso tener que escribir sobre este tema cuando miles de familias pobres están padeciendo bajo las aguas estancadas en el Departamento de Córdoba y especialmente en Montería, su capital. Sin embargo, se hace necesario hacerlo, puesto que a la hora de los desastres todos salimos a buscar culpables y a señalar con dedo acusador a las autoridades. Propongo que hagamos un análisis sereno del verdadero origen de esta desgracia y del mismo modo, propongamos soluciones viables, aunque no de corto plazo como todos quisiéramos.
En primer lugar, el departamento de Córdoba está ubicado en las zonas de planicie de inundación de dos grandes ríos, el Sinú y el San Jorge, que nacen ambos en el nudo de Paramillo. Cuando llegan las lluvias a esa región montañosa, los ríos crecen, e históricamente, han inundado las llanuras cordobesas, situación controlada y manejada en épocas precolombinas por los Zenúes, quienes eran magníficos ingenieros hidráulicos. Infortunadamente la memoria ingenieril de los Zenúes se perdió y hoy día nadie en la región tiene conocimientos suficientes para aprovechar la inundación en vez de padecerla. Adicionalmente, es de conocimiento general que las cuencas altas de ambos ríos han sido deterioradas por acción de los colonos y en los últimos años por efecto de la proliferación de cultivos ilícitos. Se ha arrasado el bosque primario sustituyéndolo por plantaciones al descubierto, las cuales no reemplazan el efecto de esponja del monte, permitiendo una escorrentía caudalosa con la menor de las lluvias.
En segundo lugar, en algunas poblaciones de Córdoba, tal como sucede en el resto del país, las gentes más pobres se ven obligadas a construir en las zonas donde precisamente se presentan las mayores inundaciones. Por falta de recursos y sobre todo por no contar con una planificación adecuada del desarrollo urbano, los municipios no prevén las obras de protección o amortiguación necesarias para hacer habitables esas zonas y consecuentemente los habitantes quedan a merced de su suerte cuando viene la crecida. Es común ver barrios sin ninguna obra de manejo de las aguas lluvias, a pesar de contar muchas veces con redes de servicios público domiciliarios.
Como tercera razón está la desaparición de los bosques de galería de los caños, que naciendo fuera de las poblaciones, las atraviesan en algún punto. Allí sucede que en un numero importante de fincas, esos caños quedaron al descubierto y se eliminó así un elemento natural de control de su cauce, pues es la vegetación de las orillas la que impide o mitiga los desbordamientos que finalmente afectan los barrios pobres de la periferia de ciudades y poblados.
Por último y a pesar de que se ha hecho un esfuerzo grande tratando de enseñar a la gente a tener un comportamiento amigable con el ambiente, muchos pobladores continúan arrojando basuras de todo estilo a los caños, quebradas y a los mismos ríos. Persiste la creencia popular de que si tiro algo al agua, ella se la lleva y me quedo tranquilo porque me deshice del problema. Entonces sucede que al venir la creciente por efecto de las lluvias, la basura forma diques y los caños se desbordan anegando calles y casas.
En los problemas subyacen siempre las soluciones. En pequeño, o sea, hablando de la solución que yo como ciudadano común puedo aportar a la problemática de las inundaciones en el corto plazo, está el no arrojar y evitar que otros lo hagan, basuras a los cauces de caños, quebradas y ríos. En el mediano plazo, los propietarios de fincas y parcelas con el apoyo de la CVS deben acometer una gran cruzada para devolverle a los caños y quebradas sus bosques de galería. Se trata de repoblar estas orillas con especies vegetales nativas de acuerdo con las indicaciones que den los técnicos en la materia.
En el nivel macro, o sea de largo plazo, corresponde a los municipios hacer los estudios, destinar los recursos y ejecutar las obras prioritarias de protección y amortiguamiento para que, ante la imposibilidad de reubicar barrios enteros, estos puedan ser habitables sin temor a la inundación. En este punto le cabe a los gobiernos departamental y nacional aportar recursos que complementen el esfuerzo municipal.
Finalmente, el gobierno nacional y las corporaciones regionales, deberán continuar la tarea de control a la devastadora tala de los bosques en los nacimientos y cuencas altas de los ríos cordobeses, tarea nada fácil pero a la que no se puede renunciar ni mermar la marcha pues como estamos viendo, de ella dependen la vida y el bienestar de miles de familias cordobesas.
José Fernando Cárdenas Zapata
(*)Gerente General de la Asociación Colombiana de Ingeniería Sanitaria y Ambiental .
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