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DIARIO LA REPUBLICA
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ANÁLISIS
  12 de Octubre de 2004
Otra cara del TLC
 

El Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, el TLC como se le conoce genéricamente, no es en sí ni bueno ni malo. Es un instrumento de desarrollo de nuestro comercio exterior que puede resultar indistintamente bueno o malo en sus efectos según se negocie bien o mal y según nos preparemos para utilizarlo. El TLC no es por sí mismo un fin, sino un medio en el proceso de la integración comercial. Es indudable que si nos preparamos para ser socios activos en el concierto de esos acuerdos y si asumimos un papel de protagonistas y no una postura pasiva de antagonistas, vamos a encontrar grandes oportunidades en el escenario de ese mercado ampliado que nos ofrece E.U.
Colombia no tiene otra salida que la de ampliar su comercio exterior y ese comercio está principalmente en E.U. En la actualidad casi el 45% de nuestra oferta exportable va a E.U., mientras a la Unión Europea sólo un 16% y a la Comunidad Andina un 15%. Si necesitamos crecer a un 5% en relación al PIB para empezar a romper las grandes franjas de desempleo y pobreza, no hay duda que tenemos que mirar al Norte, pero no para clamar un apoyo misericordioso o buscar gestos caritativos sino para colocar nuestros productos en la sociedad de consumo más grande de la comunidad mundial. Se hace más apremiante el impulso de este modelo de desarrollo de exportaciones cuando se cierne sobre nosotros el presagio negativo de que muy pronto estaremos padeciendo los rigores de la merma de nuestros recursos petroleros y acudamos a unas importaciones costosas en un mercado incierto.
Pero no estamos hablando de milagros ni de fantasías. En Centroamérica, con niveles de desarrollo no superiores a los de Colombia, ya han alcanzado exportaciones récord en el solo renglón de las confecciones. Mientras Colombia exporta US$354 millones, Honduras exporta US$2.484 millones y el Salvador US$1.672 millones y la República Dominicana US$2.274 millones. Para no hablar de México cuyas exportaciones superan los US$8.000 millones, casi 80% del total de nuestras exportaciones a todo el mundo.
En cifras per cápita mientras Honduras exporta US$386 por habitante en este rubro de confecciones, Colombia apenas arroja la casi insignificante cifra de US$8 por persona. Estamos de acuerdo con el senador Oscar Iván Zuluaga, cuando dice: Si Colombia aumentara su per cápita exportador de confecciones a US$100, pasaríamos de exportar US$354 millones a US$4.000 millones, lo que implicaría un aumento de US$3.646 millones y generar 364.600 nuevos empleos, bajo la premisa que por cada US$10.000 adicionales de exportación se genera un nuevo empleo.
En la ganadería podría pasar cosa similar y en este ramo de la explotación pecuaria Urabá llevaría las de ganar porque ha desarrollado una raza cebuína de alta competencia, es zona libre de aftosa y sus fincas están a labio de mar. En cárnicos y en lácteos tenemos una potencialidad que puede llevar a Colombia a exportaciones de grande escala en rangos superiores a los US$3.000 millones al año.

Luis Guillermo Vélez Trujillo