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DIARIO LA REPUBLICA
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ANÁLISIS
  17 de Septiembre de 2004
La infraestructura frente al TLC
 

El Presidente de la Cámara Colombiana de Infraestructura, Juan Martín Caicedo, ha dicho que el país se ha atrasado en los últimos años en materia de obras civiles para el impulso del desarrollo y que este será un factor muy preocupante a la hora de comenzar la aplicación del Tratado de Libre Comercio.
Argumenta el dirigente gremial, que mientras en México y Chile llegaron a hacerse inversiones que representaban hasta un 40 por ciento de los recursos, en Colombia sólo se ha alcanzado un 19 por ciento.
Mucha razón hay en este pronunciamiento, pues las dificultades derivadas de una deficiente infraestructura de comunicación y de transporte, lleva a que los fletes sean mucho más onerosos, situación que implica de inmediato una enorme desventaja para los costos finales de las mercancías que se producen en el país.
Es un tema que hay que repensar en muy corto tiempo, pues a pesar de los esfuerzos del Gobierno para impulsar los proyectos existentes en materia de carreteras, puertos, ferrocarriles, recuperación de ríos para la navegación y adecuación de aeropuertos, el atraso es enorme y requiere de inversiones mucho más ambiciosas, que será necesario obtener muy seguramente del ajuste en otros sectores de la administración nacional, así como del crédito externo.
A esto hay que sumar el deterioro de las obras actualmente en funcionamiento, pues también se ha detectado un abandono en el mantenimiento de la malla vial y en otros fundamentales aspectos de la infraestructura en servicio.
Siempre nos hemos lamentado del error histórico de muchos gobiernos al abandonar de manera total a sectores tan definitivos para el progreso como lo son los sistemas de transporte férreo y fluvial.
Tanto esfuerzo de los gobiernos radicales en el siglo XIX para la construcción de los ferrocarriles, para que vinieran mandatarios que no estuvieron a la altura de las responsabilidades no sólo para mantener lo existente, sino para fortalecerlos, tal como hizo el resto del mundo. Pero la verdad fue que la desidia dejó que los males crecieran y que finalmente hasta los rieles de la red desaparecieran, ante la indiferente mirada de los responsables.
Y con la navegación fluvial pasó algo similar: poco a poco los ríos, especialmente el Magdalena, fueron presentando sedimentaciones por todo el progresivo daño ecológico que se les produjo, hasta que la navegación quedó reducida a pequeñas embarcaciones dejando a un lado la posibilidad de un transporte masivo y de bajo costo para la producción nacional.
Este panorama urge entonces un plan de corto, mediano y largo plazo, que comprometa a los altos organismos gubernamentales, y desde luego también, a las comunidades afectadas. Y que se garantice el mantenimiento de lo existente, pues las no reparaciones a tiempo, implica después el tenerse que reconstruir, con el efecto de una multiplicación enorme en los costos.

Eduardo Durán Gómez
Consultor