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DIARIO LA REPUBLICA
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ANÁLISIS
  13 de Septiembre de 2004
Visas, TLC y Nuestros Aliados en EEUU
 

El tema de las visas en el TLC es tan importante para Colombia como lo es la propiedad intelectual o la protección a la inversión para EE.UU, y nuestro Gobierno ha prometido posiciones ofensivas al respecto.

Hoy por hoy, las visas a EE.UU se han convertido en una barrera no-arancelaria que entorpece la posibilidad de que nuestras empresas efectúen negocios con compañías norteamericanas y aprovechen los beneficios de las concesiones unilaterales del Atpdea o las futuras del TLC. La situación ha llegado hasta niveles francamente absurdos: por lo menos un reconocido dirigente gremial de nuestro país tuvo retenido su pasaporte durante varios meses antes de que la respectiva visa le hubiera sido otorgada. Si eso sucede con una persona que por razón de sus responsabilidades interactúa frecuentemente con la Embajada de EEUU y sus funcionarios comerciales, no es sino imaginar lo que puede acontecerle a cualquier empresario mediano o pequeño interesado en hacer negocios con sus similares de Norteamérica.

Los EE.UU y su Congreso se muestran reacios a hacer concesiones importantes y sin duda esta materia es de aquellas que resulta afectada por el clima político interno. Los norteamericanos están muy sensibles al tema laboral y esta sensibilidad es en época electoral rápidamente percibida en el Congreso y el Ejecutivo, traduciéndose en mayores restricciones al movimiento de personas hacia Estados Unidos.

Sin embargo, dos eventos sucedidos en las últimas semanas muestran que hay sectores importantes en EE.UU afectados con la rigidez de esta política y que éstos ya empezaron a hacer sentir su inquietud. Pasaron inadvertidos en nuestros medios, pero han sido resaltados en dos ocasiones en Europa por el Financial Times.

El primero de los acontecimientos fue la carta que importantes centros académicos y de investigación estadounidenses enviaron al Gobierno y al Congreso lanzando la voz de alerta sobre la desventaja que están enfrentando al ver que investigadores, estudiantes y académicos de otras partes del mundo no reciben sus visas y se desvían hacia otros destinos ávidos de sus conocimientos. A juicio de los remitentes de la comunicación, las restricciones de ingreso constituyen un factor que está limitando la capacidad de innovación de EE.UU frente a sus competidores europeos y asiáticos.

El segundo hecho, que mereció un comentario editorial en el periódico londinense, fue el pronto respaldo que la carta recibió de asociaciones industriales, las cuales protestaron por las dificultades que están encontrando los empresarios extranjeros para visitar EE.UU en viajes de negocios, y los obstáculos que esta situación puede generar para la economía estadounidense.

Quizás la repercusión más importante para nuestros negociadores es que la política norteamericana de visas tiene detractores importantes que pueden convertirse en valiosos aliados del país. Obviamente, las protestas de los círculos académicos y empresariales no se refieren a Colombia, pero puede tener una incidencia sobre cómo Estados Unidos enfrenta el tema en nuestro TLC y en los otros en curso o por venir.

¿Qué hacer?. Una acción que se impondría para nuestra Embajada en Washington sería identificar todos los sectores norteamericanos descontentos con la rigidez de la política de visas, y hacer sentir su voz conjuntamente con ellos en el Congreso norteamericano a fin de buscar en los TLC una flexibilización a dicha política. En síntesis, es buscando nuestros aliados dentro de Estados Unidos y coordinando con ellos una labor ante los congresistas norteamericanos como Colombia puede alcanzar objetivos importantes en materia de visas.