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El tema de las visas en el TLC es
tan importante para Colombia como lo es la propiedad intelectual
o la protección a la inversión para EE.UU, y nuestro
Gobierno ha prometido posiciones ofensivas al respecto.
Hoy por hoy, las visas a EE.UU se han convertido en una barrera
no-arancelaria que entorpece la posibilidad de que nuestras empresas
efectúen negocios con compañías norteamericanas
y aprovechen los beneficios de las concesiones unilaterales del
Atpdea o las futuras del TLC. La situación ha llegado hasta
niveles francamente absurdos: por lo menos un reconocido dirigente
gremial de nuestro país tuvo retenido su pasaporte durante
varios meses antes de que la respectiva visa le hubiera sido otorgada.
Si eso sucede con una persona que por razón de sus responsabilidades
interactúa frecuentemente con la Embajada de EEUU y sus funcionarios
comerciales, no es sino imaginar lo que puede acontecerle a cualquier
empresario mediano o pequeño interesado en hacer negocios
con sus similares de Norteamérica.
Los EE.UU y su Congreso se muestran reacios a hacer concesiones
importantes y sin duda esta materia es de aquellas que resulta afectada
por el clima político interno. Los norteamericanos están
muy sensibles al tema laboral y esta sensibilidad es en época
electoral rápidamente percibida en el Congreso y el Ejecutivo,
traduciéndose en mayores restricciones al movimiento de personas
hacia Estados Unidos.
Sin embargo, dos eventos sucedidos en las últimas semanas
muestran que hay sectores importantes en EE.UU afectados con la
rigidez de esta política y que éstos ya empezaron
a hacer sentir su inquietud. Pasaron inadvertidos en nuestros medios,
pero han sido resaltados en dos ocasiones en Europa por el Financial
Times.
El primero de los acontecimientos fue la carta que importantes centros
académicos y de investigación estadounidenses enviaron
al Gobierno y al Congreso lanzando la voz de alerta sobre la desventaja
que están enfrentando al ver que investigadores, estudiantes
y académicos de otras partes del mundo no reciben sus visas
y se desvían hacia otros destinos ávidos de sus conocimientos.
A juicio de los remitentes de la comunicación, las restricciones
de ingreso constituyen un factor que está limitando la capacidad
de innovación de EE.UU frente a sus competidores europeos
y asiáticos.
El segundo hecho, que mereció un comentario editorial en
el periódico londinense, fue el pronto respaldo que la carta
recibió de asociaciones industriales, las cuales protestaron
por las dificultades que están encontrando los empresarios
extranjeros para visitar EE.UU en viajes de negocios, y los obstáculos
que esta situación puede generar para la economía
estadounidense.
Quizás la repercusión más importante para nuestros
negociadores es que la política norteamericana de visas tiene
detractores importantes que pueden convertirse en valiosos aliados
del país. Obviamente, las protestas de los círculos
académicos y empresariales no se refieren a Colombia, pero
puede tener una incidencia sobre cómo Estados Unidos enfrenta
el tema en nuestro TLC y en los otros en curso o por venir.
¿Qué hacer?. Una acción que se impondría
para nuestra Embajada en Washington sería identificar todos
los sectores norteamericanos descontentos con la rigidez de la política
de visas, y hacer sentir su voz conjuntamente con ellos en el Congreso
norteamericano a fin de buscar en los TLC una flexibilización
a dicha política. En síntesis, es buscando nuestros
aliados dentro de Estados Unidos y coordinando con ellos una labor
ante los congresistas norteamericanos como Colombia puede alcanzar
objetivos importantes en materia de visas.
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