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DIARIO LA REPUBLICA
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FENALCO
  18 de Mayo de 2004
TLC año 2010
 

Imaginémonos en un supermercado Wal Mart de Chicago en el 2010. El flujo creciente de latinos cuya primera lengua es el castellano motivó a los establecimientos norteamericanos a colocar avisos en español y gracias al TLC firmado en 2005 por Colombia y los Estados Unidos, dichas señales, llenas de policromía e impacto visual fueron elaboradas por creativos de una pequeña agencia publicitaria con sede en Bucaramanga y enviadas por Servientrega. Cada ocho días los publicistas envían contenedores con material gráfico como señalización de góndolas, estandartes, carteles e indicadores de cajas, para los Supercentros de Wal Mart ubicados en Illinois.

En la sección de productos para el desayuno ocupa un lugar destacado el famoso Café Galaviz, en cuyo proceso de tostión realizado en Cúcuta se utiliza grano producido en el municipio de Toledo. A su lado está el café Sello Rojo en sus versiones descafeinada y clásica, mientras que en la línea de solubles se destaca en la góndola el café Buendía, fabricado en Chinchiná. El precio promedio del café molido Made in Colombia para el consumidor final es de 2.75 dólares.

Antes del TLC Wal Mart vendía café tostado de baja calidad a un precio equivalente a 4.95 dólares la libra y en la mezcla, la participación de la variedad colombiana era inferior al 10 por ciento. En la misma sección se aprecia el Chocolate Sol, producto que ha tenido en los últimos meses gran aceptación entre los consumidores, gracias a una audaz estrategia de Casa Lucker de Colombia consistente en obsequiar pequeñas dosis de humeante y caliente chocolate en el sitio de compra acompañado de recetas en inglés y en español sobre la forma de preparar tan excitante bebida. Las mercaderistas que participan en la campaña son bilingües y fueron entrenadas por el Sena. Justo al lado del chocolate, y como una novedosa forma de manejo de categorías de productos según lo aconsejaron expertos mercadólogos colombianos que hicieron su doctorado en Carulla-Vivero, los ejecutivos de Wal Mart colocaron pandebono marca Pan- pa-yá, Caladitos Guadalupe y Chocoramo, productos fabricados en Bogotá.

Al llegar a la Sección de frutas y verduras los avisos importados de Bucaramanga le indican a los clientes que las habichuelas exhibidas bajo un chorro de luz con tonalidades verdes fueron producidas sin un ápice de químico en el municipio de Santander de Quilichao, cerca al nacimiento del Río Cauca en Colombia. Wal Mart ofrece la pulpa de Guanábana marca Margarita Colombia, con un novedoso empaque diseñado y patentado por estudiantes de la Universidad Tecnológica de Pereira. Las uchuvas, que sólo ocasionalmente se vendían en la sección de gourmet de exclusivos locales norteamericanos, ahora se consiguen todo el año en el supermercado a precio atractivo. Son producidas en Silvania, Cundinamarca y su embalaje y todo el proceso de logística corre por cuenta de una empresa 100 por ciento colombiana.

Al lado de la uchuva y del tomate de árbol, también importado de Colombia, aparece un cartel escrito en inglés y en español, indicando las propiedades de estas frutas. Los productores agradecen al pueblo y al gobierno norteamericano por su valiosa ayuda financiera y por la asistencia técnica que les permitió sustituir cultivos de coca por el de frutas y verduras frescas, de alta calidad y cien por ciento orgánicas que ahora se ofrecen al alcance de la mesa de las familias a precios bajos gracias al TLC.

En la sección de carnes frías de Wal Mart se consiguen salchichas, butifarras, jamones bajos en grasa y mortadela producida en el parque industrial de Caloto con el sello de Rica Rondo. A propósito, gracias a la erradicación de la aftosa y al mejoramiento en toda la cadena cárnica, el próximo mes se despachará nuevamente un contenedor de carne de res criada y sacrificada en el Departamento de Córdoba, para abastecer una cadena de autoservicios ubicada en tres estados de la unión americana.

En la sección de licores hay una agradable sorpresa: el Aguardiente Néctar, el Ron Medellín Añejo y la Crema de Café marca Coloma ocupan lugares destacados en las góndolas, así como la cerveza Aguila, que se ofrece a un precio considerablemente más económico que su competencia más próxima. Los negociadores colombianos lograron que se eliminara la mayor parte de los obstáculos existentes a los fabricantes de licores, los cuales ahora pueden acceder en condiciones razonables de precio al exigente mercado americano.

En la sección de libros y revistas pocos notan que la mayoría de los productos fueron impresos en Colombia, cosa impensable hasta hace poco. Pero hay algo más: los libros impresos en Colombia llevan el sello de garantía de una ONG que propugna por el cuidado del medio ambiente. Por cierto que los colombianos valoran la transferencia de recursos y de tecnología brindada por los norteamericanos en los últimos tres años que nos permitió descontaminar el Río Cauca y mejorar el aire que se respira en Tuluá, ya que desde hace más de un año las fábricas definitivamente abandonaron los antiguos métodos de producción de caña de azúcar en una transformación de alta ingeniería cuyos costos no hubieran podido sufragarse en un lapso relativamente breve de no ser por el apoyo norteamericano. En varias tiendas de Chicago se consigue azúcar morena marca Manuelita.
En lugares estratégicos de ciudades emblemáticas como Los Angeles, Nueva York, Boston y Chicago, la Federación Nacional de Cafeteros de Colombia ha instalado impactantes tiendas Juan Valdez en las que se ofrecen ricas viandas con mucho sabor colombiano, deliciosos cocteles para pasar una “hora feliz”, y más de 20 variedades de café caliente y frío para deleite de la clientela. Es posible encontrar allí un delicioso y humeante café estilo americano con sabores almendrados, a vainilla, y a esencia de cacao, producido en lugares tan especiales como Sevilla(Valle), Anapoima, San Agustín, Fredonia, Montenegro, Sierra Nevada de Santa Marta, Santa Isabel(Tolima), y un largo etcétera.

No hubo poder humano que convenciera a Washington de reducir sensiblemente o eliminar los subsidios a los productores de bienes agropecuarios que aquí también se producen en condiciones más o menos competitivas, pero a cambio, Colombia logró que los Estados Unidos otorgara 300 millones de dólares anuales, durante 10 años, para investigación agropecuaria, recursos que están siendo administrados por el ICA y por el antiguo CIAT. Un centenar de agrónomos norteamericanos hace sus pasantías anualmente en nuestro país. A pesar del poco tiempo de instaurado el programa de fomento a la investigación agropecuaria, se han obtenido promisorios resultados, como una nueva variedad de tabaco rubio, que los especialistas de Philip Morris han calificado de excelente en su relación calidad-precio.
Colombia está recibiendo cooperación técnica y financiera que nos ha permitido derribar las barreras técnicas y fitosanitarias que nos impedían el acceso real al mercado norteamericano. En las tierras colombianas dedicadas a la agricultura comercial se aplica el riego bajo control electrónico. De otra parte, es usual encontrar por algunas carreteras que conectan pequeñas poblaciones con centros de abastecimiento, vallas en las que se anuncia la construcción o repavimentación de esa vía con recursos del gobierno de los Estados Unidos. El equipo negociador colombiano no logró de los norteamericanos facilidades para el ingreso a ese país de ciudadanos colombianos, así que la obtención de visa sigue siendo un proceso complejo. En cambio, obtuvo significativos recursos para el financiamiento de obras públicas vitales y para la educación superior de colombianos de clase media en universidades norteamericanas: anualmente se otorgan 1.000 becas para estudios de pregrado, 250 becas para maestrías y 20 para doctorados en diferentes áreas del conocimiento, con gastos de manutención incluidos y con el compromiso, por parte de los estudiantes seleccionados, de trabajar en Colombia al menos durante cuatro años luego de su graduación.
Gracias en buena parte al TLC, son colombianas las prendas deportivas que llevan la etiqueta de la competitiva liga norteamericana de basket, la NBA. Son camisetas Made in Medellín. En varios “mall” de la Unión Americana se venden muy bien los vestidos de Arturo Calle en locales propios. A Don Arturo no le gustó la idea de un creativo de una agencia americana que le sugirió cambiar el nombre del local por el de “Arthur Street”.
Una docena de clínicas de gran tamaño ubicadas en Miami, Seattle y Chicago envían por medios electrónicos a varias firmas de radiólogos con sede en Manizales y Armenia las radiografías, ecografías y otros exámenes de sus pacientes para su lectura y dictamen. Y en los estudios de Discos Fuentes en Medellín se hace la remasterización de los trabajos discográficos de artistas gringos afamados que antes acudían a los servicios de estudios de grabación ubicados en San Diego y en Miami, pagando por ellos unas cifras desproporcionadas. En un estudio ubicado en Tunja, una docena de colombianos se encarga de doblar al castellano las películas y las series producidas por Warner, MGM y FOX.
Una firma colombo-americana con oficinas en Houston, Chicago, Bogotá y Medellín aprovisiona de implementos de cafetería a las Secretarías de Agricultura, Comercio y de Salud de los Estados Unidos, así como a un centenar de alcaldías. La empresa aprovecha las ventajas competitivas de Colombia en la producción y venta de servilletas, papel para secarse las manos, café para consumo institucional y vasos desechables, tanto de cartón como plásticos. Mensualmente, la compañía importa de Colombia 1.5 millones de vasos desechables para atender las necesidades de las oficinas públicas asignadas, y el excedente se lo vende a una pequeña cadena de autoservicio. Esa ha sido una de las numerosas empresas beneficiarias de las compras estatales en Norteamérica.

Los colombianos residentes en los Estados Unidos envían remesas a sus familiares a través de una red bancaria muy eficiente que cobra no más de dos dólares por operación. Por fin los colombianos sentimos que la internacionalización también tocó al sistema bancario colombiano y que los consumidores son los grandes beneficiados por las mejoras en la competitividad.
Hoy, a cinco años de la firma del TLC hay que admitir que éste no ha sido la panacea, pero sí que nos ha servido para alcanzar un dinamismo económico y empresarial que nos había sido esquivos. Nuestro país ha mejorado sustancialmente en el escalafón de la competitividad según registro de Forum, pues la tasa de desempleo urbano es del 10 por ciento, seis puntos por debajo de la que sufríamos en el 2004, pero aún elevada frente al registro mexicano o norteamericano.

El mérito tiene que ser compartido, porque aparte del equipo negociador y de su gran capacidad de escuchar y asimilar las observaciones de la sociedad civil, figuran en primer lugar en el aplausómetro los empresarios colombianos que aceptaron el reto. Tanto el equipo como los empresarios comprendieron que en Norteamérica y en cualquier lugar del mundo un comprador no toma su decisión por lástima. Hay que admitir que Colombia obtuvo más de lo que tuvo que concederle a los americanos. Lo curioso es que en los Estados Unidos piensan lo contrario. ¡¡Cheers!!