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Imaginémonos en un supermercado
Wal Mart de Chicago en el 2010. El flujo creciente de latinos cuya
primera lengua es el castellano motivó a los establecimientos
norteamericanos a colocar avisos en español y gracias al
TLC firmado en 2005 por Colombia y los Estados Unidos, dichas señales,
llenas de policromía e impacto visual fueron elaboradas por
creativos de una pequeña agencia publicitaria con sede en
Bucaramanga y enviadas por Servientrega. Cada ocho días los
publicistas envían contenedores con material gráfico
como señalización de góndolas, estandartes,
carteles e indicadores de cajas, para los Supercentros de Wal Mart
ubicados en Illinois.
En la sección de productos para el desayuno ocupa un lugar
destacado el famoso Café Galaviz, en cuyo proceso de tostión
realizado en Cúcuta se utiliza grano producido en el municipio
de Toledo. A su lado está el café Sello Rojo en sus
versiones descafeinada y clásica, mientras que en la línea
de solubles se destaca en la góndola el café Buendía,
fabricado en Chinchiná. El precio promedio del café
molido Made in Colombia para el consumidor final es de 2.75 dólares.
Antes del TLC Wal Mart vendía café tostado de baja
calidad a un precio equivalente a 4.95 dólares la libra y
en la mezcla, la participación de la variedad colombiana
era inferior al 10 por ciento. En la misma sección se aprecia
el Chocolate Sol, producto que ha tenido en los últimos meses
gran aceptación entre los consumidores, gracias a una audaz
estrategia de Casa Lucker de Colombia consistente en obsequiar pequeñas
dosis de humeante y caliente chocolate en el sitio de compra acompañado
de recetas en inglés y en español sobre la forma de
preparar tan excitante bebida. Las mercaderistas que participan
en la campaña son bilingües y fueron entrenadas por
el Sena. Justo al lado del chocolate, y como una novedosa forma
de manejo de categorías de productos según lo aconsejaron
expertos mercadólogos colombianos que hicieron su doctorado
en Carulla-Vivero, los ejecutivos de Wal Mart colocaron pandebono
marca Pan- pa-yá, Caladitos Guadalupe y Chocoramo, productos
fabricados en Bogotá.
Al llegar a la Sección de frutas y verduras los avisos importados
de Bucaramanga le indican a los clientes que las habichuelas exhibidas
bajo un chorro de luz con tonalidades verdes fueron producidas sin
un ápice de químico en el municipio de Santander de
Quilichao, cerca al nacimiento del Río Cauca en Colombia.
Wal Mart ofrece la pulpa de Guanábana marca Margarita Colombia,
con un novedoso empaque diseñado y patentado por estudiantes
de la Universidad Tecnológica de Pereira. Las uchuvas, que
sólo ocasionalmente se vendían en la sección
de gourmet de exclusivos locales norteamericanos, ahora se consiguen
todo el año en el supermercado a precio atractivo. Son producidas
en Silvania, Cundinamarca y su embalaje y todo el proceso de logística
corre por cuenta de una empresa 100 por ciento colombiana.
Al lado de la uchuva y del tomate de árbol, también
importado de Colombia, aparece un cartel escrito en inglés
y en español, indicando las propiedades de estas frutas.
Los productores agradecen al pueblo y al gobierno norteamericano
por su valiosa ayuda financiera y por la asistencia técnica
que les permitió sustituir cultivos de coca por el de frutas
y verduras frescas, de alta calidad y cien por ciento orgánicas
que ahora se ofrecen al alcance de la mesa de las familias a precios
bajos gracias al TLC.
En la sección de carnes frías de Wal Mart se consiguen
salchichas, butifarras, jamones bajos en grasa y mortadela producida
en el parque industrial de Caloto con el sello de Rica Rondo. A
propósito, gracias a la erradicación de la aftosa
y al mejoramiento en toda la cadena cárnica, el próximo
mes se despachará nuevamente un contenedor de carne de res
criada y sacrificada en el Departamento de Córdoba, para
abastecer una cadena de autoservicios ubicada en tres estados de
la unión americana.
En la sección de licores hay una agradable sorpresa: el Aguardiente
Néctar, el Ron Medellín Añejo y la Crema de
Café marca Coloma ocupan lugares destacados en las góndolas,
así como la cerveza Aguila, que se ofrece a un precio considerablemente
más económico que su competencia más próxima.
Los negociadores colombianos lograron que se eliminara la mayor
parte de los obstáculos existentes a los fabricantes de licores,
los cuales ahora pueden acceder en condiciones razonables de precio
al exigente mercado americano.
En la sección de libros y revistas pocos notan que la mayoría
de los productos fueron impresos en Colombia, cosa impensable hasta
hace poco. Pero hay algo más: los libros impresos en Colombia
llevan el sello de garantía de una ONG que propugna por el
cuidado del medio ambiente. Por cierto que los colombianos valoran
la transferencia de recursos y de tecnología brindada por
los norteamericanos en los últimos tres años que nos
permitió descontaminar el Río Cauca y mejorar el aire
que se respira en Tuluá, ya que desde hace más de
un año las fábricas definitivamente abandonaron los
antiguos métodos de producción de caña de azúcar
en una transformación de alta ingeniería cuyos costos
no hubieran podido sufragarse en un lapso relativamente breve de
no ser por el apoyo norteamericano. En varias tiendas de Chicago
se consigue azúcar morena marca Manuelita.
En lugares estratégicos de ciudades emblemáticas como
Los Angeles, Nueva York, Boston y Chicago, la Federación
Nacional de Cafeteros de Colombia ha instalado impactantes tiendas
Juan Valdez en las que se ofrecen ricas viandas con mucho sabor
colombiano, deliciosos cocteles para pasar una “hora feliz”,
y más de 20 variedades de café caliente y frío
para deleite de la clientela. Es posible encontrar allí un
delicioso y humeante café estilo americano con sabores almendrados,
a vainilla, y a esencia de cacao, producido en lugares tan especiales
como Sevilla(Valle), Anapoima, San Agustín, Fredonia, Montenegro,
Sierra Nevada de Santa Marta, Santa Isabel(Tolima), y un largo etcétera.
No hubo poder humano que convenciera a Washington de reducir sensiblemente
o eliminar los subsidios a los productores de bienes agropecuarios
que aquí también se producen en condiciones más
o menos competitivas, pero a cambio, Colombia logró que los
Estados Unidos otorgara 300 millones de dólares anuales,
durante 10 años, para investigación agropecuaria,
recursos que están siendo administrados por el ICA y por
el antiguo CIAT. Un centenar de agrónomos norteamericanos
hace sus pasantías anualmente en nuestro país. A pesar
del poco tiempo de instaurado el programa de fomento a la investigación
agropecuaria, se han obtenido promisorios resultados, como una nueva
variedad de tabaco rubio, que los especialistas de Philip Morris
han calificado de excelente en su relación calidad-precio.
Colombia está recibiendo cooperación técnica
y financiera que nos ha permitido derribar las barreras técnicas
y fitosanitarias que nos impedían el acceso real al mercado
norteamericano. En las tierras colombianas dedicadas a la agricultura
comercial se aplica el riego bajo control electrónico. De
otra parte, es usual encontrar por algunas carreteras que conectan
pequeñas poblaciones con centros de abastecimiento, vallas
en las que se anuncia la construcción o repavimentación
de esa vía con recursos del gobierno de los Estados Unidos.
El equipo negociador colombiano no logró de los norteamericanos
facilidades para el ingreso a ese país de ciudadanos colombianos,
así que la obtención de visa sigue siendo un proceso
complejo. En cambio, obtuvo significativos recursos para el financiamiento
de obras públicas vitales y para la educación superior
de colombianos de clase media en universidades norteamericanas:
anualmente se otorgan 1.000 becas para estudios de pregrado, 250
becas para maestrías y 20 para doctorados en diferentes áreas
del conocimiento, con gastos de manutención incluidos y con
el compromiso, por parte de los estudiantes seleccionados, de trabajar
en Colombia al menos durante cuatro años luego de su graduación.
Gracias en buena parte al TLC, son colombianas las prendas deportivas
que llevan la etiqueta de la competitiva liga norteamericana de
basket, la NBA. Son camisetas Made in Medellín. En varios
“mall” de la Unión Americana se venden muy bien
los vestidos de Arturo Calle en locales propios. A Don Arturo no
le gustó la idea de un creativo de una agencia americana
que le sugirió cambiar el nombre del local por el de “Arthur
Street”.
Una docena de clínicas de gran tamaño ubicadas en
Miami, Seattle y Chicago envían por medios electrónicos
a varias firmas de radiólogos con sede en Manizales y Armenia
las radiografías, ecografías y otros exámenes
de sus pacientes para su lectura y dictamen. Y en los estudios de
Discos Fuentes en Medellín se hace la remasterización
de los trabajos discográficos de artistas gringos afamados
que antes acudían a los servicios de estudios de grabación
ubicados en San Diego y en Miami, pagando por ellos unas cifras
desproporcionadas. En un estudio ubicado en Tunja, una docena de
colombianos se encarga de doblar al castellano las películas
y las series producidas por Warner, MGM y FOX.
Una firma colombo-americana con oficinas en Houston, Chicago, Bogotá
y Medellín aprovisiona de implementos de cafetería
a las Secretarías de Agricultura, Comercio y de Salud de
los Estados Unidos, así como a un centenar de alcaldías.
La empresa aprovecha las ventajas competitivas de Colombia en la
producción y venta de servilletas, papel para secarse las
manos, café para consumo institucional y vasos desechables,
tanto de cartón como plásticos. Mensualmente, la compañía
importa de Colombia 1.5 millones de vasos desechables para atender
las necesidades de las oficinas públicas asignadas, y el
excedente se lo vende a una pequeña cadena de autoservicio.
Esa ha sido una de las numerosas empresas beneficiarias de las compras
estatales en Norteamérica.
Los colombianos residentes en los Estados Unidos envían remesas
a sus familiares a través de una red bancaria muy eficiente
que cobra no más de dos dólares por operación.
Por fin los colombianos sentimos que la internacionalización
también tocó al sistema bancario colombiano y que
los consumidores son los grandes beneficiados por las mejoras en
la competitividad.
Hoy, a cinco años de la firma del TLC hay que admitir que
éste no ha sido la panacea, pero sí que nos ha servido
para alcanzar un dinamismo económico y empresarial que nos
había sido esquivos. Nuestro país ha mejorado sustancialmente
en el escalafón de la competitividad según registro
de Forum, pues la tasa de desempleo urbano es del 10 por ciento,
seis puntos por debajo de la que sufríamos en el 2004, pero
aún elevada frente al registro mexicano o norteamericano.
El mérito tiene que ser compartido, porque aparte del equipo
negociador y de su gran capacidad de escuchar y asimilar las observaciones
de la sociedad civil, figuran en primer lugar en el aplausómetro
los empresarios colombianos que aceptaron el reto. Tanto el equipo
como los empresarios comprendieron que en Norteamérica y
en cualquier lugar del mundo un comprador no toma su decisión
por lástima. Hay que admitir que Colombia obtuvo más
de lo que tuvo que concederle a los americanos. Lo curioso es que
en los Estados Unidos piensan lo contrario. ¡¡Cheers!!
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