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DIARIO LA REPUBLICA
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19 de Marzo de 2005
Colombia liberaría 200 bienes agropecuarios
 

Germán Jiménez Morales
Enviado especial
Washington


Hasta el propio jefe negociador Hernando José Gómez reconoce que el agro es el más quedado en los diálogos que se realizan para firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos. Sin embargo, eso podría cambiar a partir de este lunes, aquí en Washington, cuando se inicie una ronda bilateral en la que Colombia expresará su intención de permitir, desde el primer día de vigencia del acuerdo, la libre importación de unos 200 bienes del sector agropecuario.
Lo anterior forma parte del llamado paquete de intercambio cero por cero y su contrapartida es, también, una lista de bienes de este sector que los norteamericanos desgravarían de inmediato. Según Gómez, en la anterior ronda, efectuada en Cartagena, el país suramericano incluyó dentro del listado algunos animales vivos y aceites esenciales y ahora quiere hacer lo propio con varios bienes de la cadena hortofrutícola, que también son del interés de Estados Unidos. “También queremos tener la oportunidad de avanzar en la negociación del paquete lácteo y efectuar un intercambio de ideas sobre los productos más sensibles. Ellos presentaran el caso de los cereales y nosotros plantearemos el tabaco y el arroz”.
En Estados Unidos se negocia un capítulo general, que tiene como pieza fundamental la eliminación de los subsidios directos a las exportaciones, o sea los que se entregan al exportador por cada unidad comercializada internacionalmente. También esta la salvaguardia especial agropecuaria, que se puede utilizar en forma menos engorrosa que la tradicional, sin tener que probar el daño causado por las importaciones, ya sea vía precios muy rebajados o grandes cantidades. Al decir de Gómez, este es un instrumento muy útil para evitar que en el proceso de transición se produzcan efectos negativos sobre los productores locales.
Buscando mayor ilustración para sus lectores, El Colombiano y LA REPUBLICA dialogaron con Gómez sobre la importancia del tema agrícola, que aunque forma parte del capítulo de acceso a mercados cuenta con una mesa aparte por lo delicado que es, inclusive para Estados Unidos.

El presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC) dice que a pesar de que van ocho rondas, mañana prácticamente se comenzará la negociación en ceros. ¿Se esta realmente en algo así como el día cero de la creación?
“No propiamente, pero es indudable que aún tenemos un infante muy pequeño. La mesa agrícola es la que tiene el menor desarrollo y por eso hemos venido insistiendo ante Estados Unidos sobre la necesidad de dedicarle mas espacio, y de abrir bilaterales adicionales, que permitan el avance en esta negociación”.

¿Qué productos, que requerían acuerdos al interior de la cadena, tendrán que ser definidos prácticamente por el gobierno?
“Hay ejercicios que se vienen haciendo y que no se han cerrado. Pero, por ejemplo, en la cadena avícola-maíz hay que avanzar más en la discusión”.

¿Y el trigo?
“También hemos tenido un buen dialogo con los molineros y para nosotros es muy claro que este es un tema social, que se concentra algo en el departamento de Nariño y Boyacá, en donde tenemos que garantizar que el poco trigo que se pueda seguir siendo absorbido y, en la medida de lo posible, mejorar los índices de competitividad de esa comunidad triguera, que hoy produce alrededor de 80.000 toneladas anuales. Con los molineros se ha conversado, para desarrollar acuerdos de largo plazo para ubicar este trigo de consistencia media para la producción de ciertos productos de panadería que cada vez están mas en boga, como los panes integrales y los panes duros, tipo europeo”.

¿Cómo se percibe en la mesa la contradicción que hay entre la necesidad de seguir protegiendo a algunos sectores del agro y el sano deseo de los consumidores de acceder a bienes más baratos?
“Aquí lo que buscamos es un mejoramiento general de la productividad y competitividad de todos los sectores. Eso debe traducirse en un beneficio importante en los precios de los productos que recibirán los consumidores. Pero hay que balancearlo con las necesidades de los productores y el tiempo que requieren para ajustarse a las nuevas condiciones de competencia, amén de la atención de las pequeñas y medianas industrias que importan insumos y que se pueden ver beneficiados por la reducción en los precios”.

¿Y los consumidores sí han hecho sentir su voz y necesidades en esta negociación?
“La Federación Colombiana de Consumidores, que dirige Ariel Armel, ha venido participando activamente y en las ultimas rondas nos ha venido acompañando en el cuarto de al lado. Sin embargo, como pasa en todas partes del mundo, los productores están mejor organizados que los consumidores, quienes no tienen voces tan fuertes y poderosas.
Por ello, en cierta manera el Gobierno, como representante de la sociedad en su conjunto, tiene que velar por esos intereses, que no siempre están totalmente representados. Por ello somos conscientes de la necesidad de proteger el costo y disponibilidad de los medicamentos genéricos y de impulsar en este tratado posibilidades para las pymes. Eso se refleja, por ejemplo, en el capítulo de compras publicas, en donde un comité de contratación nos ayudará a vigilar, entre otras cosas, cómo se están aprovechando esas oportunidades por parte de los posibles proveedores”

Contracara
¿Consumidores silenciosos?

¿Y los consumidores colombianos son una mayoría silenciosa y desorganizada frente al TLC, comparada con los industriales, los comerciantes y los mismos agricultores, para citar solo algunos casos?”.
La pregunta era obvia para Ariel Armel Arenas, quien desde hace 37 años es presidente de la Confederación Colombiana de Consumidores, al cabo de los cuales, dice, se ha tratado de crear conciencia de que lo que más le conviene a un consumidor es un productor eficiente que cumpla con la ley. Y al productor, un consumidor organizado y racional. “Tanto el comercio como la industria están atendiendo los requerimientos de los consumidores. El año pasado consumidores y proveedores pudieron defenderse mutuamente por más de 10.000 millones de pesos. Eso quiere decir que se está creando una cultura avanzada”
Al decir de Arenas, todo TLC busca la defensa de los consumidores. “El padre de la economía de postguerra, el ex canciller alemán Ludwing Erhard, dijo que el esfuerzo del Estado por proteger la empresa privada se justifica, siempre y cuando defienda los intereses de los consumidores. Si los consumidores no pueden comprar más productos a precios razonables, no están cumpliendo su función.
Claro que lo primero por lo que deben propender las asociaciones de consumidores es porque las familias tengan ingresos, pues sin ellos no hay consumo. La finalidad de mis viajes a estas reuniones es para mirar qué sectores saldrían damnificados en esta negociación. Es decir, cuántos colombianos perderán su empleo ante la competencia de productos que llegarán de Estados Unidos. Ahí está el problema.