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Charo Méndez, consultora venezolana, escribió un libro sobre la RSE durante el siglo XX en Venezuela, cuyos lineamientos básicos presentó en el foro de LA REPUBLICA y Esse Consultores, realizado el pasado 15 de julio en Bogotá.
Así, en una primera etapa, de 1900 a 1930, muchas iniciativas en tal sentido eran altruistas y hasta “interesadas” (porque hacerlas les convenía a las empresas y empresarios, como es obvio), verbigracia con donaciones a congregaciones religiosas para construir hospitales.
Luego, las multinacionales petroleras, comprometidas con la RSE a través por ejemplo de la Fundación Rockefeller, fueron las que marcaron la pauta con obras como los proyectos residenciales alrededor de los campos de producción.
En las siguientes décadas, desde 1930 hasta 1958, muchas empresas locales se dedicaron a esto con base especialmente en la Constitución de 1936, donde se establecieron normas en beneficio de los trabajadores y, por tanto, sobre derechos laborales con énfasis en lo social.
En aquella época se crearon muchas fundaciones, primero con nombres de empresarios y servicios sociales de las industrias en diferentes sectores productivos.
Del 58 al 70, Venezuela no fue ajena a la adopción del modelo de desarrollo fundado en la sustitución de importaciones, con acento cepalino, por lo cual numerosos hombres de negocios se insertaron en las políticas públicas del Estado para contribuir a resolver los problemas del atraso y la pobreza con proyectos educativos, a veces para enfrentar la amenaza comunista en la región tras el triunfo de la revolución cubana.
Es cuando nace Dividendo Voluntario por la Comunidad, con dividendos destinados a un fondo para proyectos sociales y el surgimiento de universidades para la formación de los empresarios, o la Fundación venezolana contra la parálisis infantil, entre otras.
En la recta final
En los últimos años, desde 1970, se sucedieron hechos contradictorios que conducen a la crítica situación actual, signada por el populismo del Presidente Hugo Chávez y su guerra declarada a la empresa privada en nombre de la Revolución Bolivariana, estilo Cuba.
Así, del 70 al 80, en el marco del Acuerdo de Cartagena (Grupo Andino) que promovió el nacionalismo económico contra la inversión extranjera, vino la nacionalización petrolera o “Petroestado”, y, en el campo de la RSE, fundaciones corporativas, ya no con nombres de empresarios sino de empresas, y la articulación empresarial en alguna asociación de fundaciones privadas.
Del 80 al 90, la crisis económica, con reforma del Estado a bordo, que concentra la RSE, de nuevo con fundaciones, para actividades culturales, “olvidándose de los pobres”, que en su opinión es una de las causas de la difícil coyuntura actual en su país.
Se crearon, además, centros como Cedice para promover la economía de mercado.
Y, por último, hasta el 2000, vino la ola de privatizaciones con crisis bancaria, la apertura petrolera y la Constitución del 99, que dieron origen a proyectos de desarrollo local, pero vinculados al negocio.
Un repaso histórico, en fin, que guarda bastantes similitudes con el proceso de la RSE en países como Colombia.