Sin confianza en economía
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“El optimismo del país se vino abajo”, tituló ayer el diario “El Colombiano” al registrar las más recientes cifras de la encuesta de Gallup sobre percepción ciudadana en julio-agosto.
Y aunque se debatirá mucho al respecto (su relación con la Operación Jaque, por ejemplo), hoy queremos destacar lo mucho que ahí influyen los temas económicos. Veamos, entonces. Para empezar, la economía es ahora el principal problema del país, incluso con un porcentaje mayor al de la encuesta anterior, nada menos que cerca de la mitad (45%) de los ciudadanos consultados, y de nuevo situándose por encima de las preocupaciones sobre seguridad y orden público. Las cifras son, pues, contundentes. La economía nos duele, mejor dicho.

Pero, dicha investigación va más allá del resultado general. En efecto, también identifica los temas económicos que de manera particular preocupan a las personas del común en nuestras principales ciudades, como son la inflación, el desempleo y la pobreza, sin olvidar aspectos sociales específicos (salud, educación y vivienda). Detengámonos aquí por un momento.

A decir verdad, la inflación aparece –según información de este diario- como el mayor lunar; 62% de los encuestados admite que ese problema ha crecido durante el período citado; y un elevado 57% cuestiona el manejo que se le ha dado, aunque con relación al sondeo previo se ve una mejoría, pasando al parecer del 73 al 65%, un nivel que es todavía alto por cierto.

Los resultados coinciden, sí, con el alto costo de vida en el presente año, reflejo a su vez del impacto negativo que la pérdida de capacidad adquisitiva tiene para los consumidores en su conjunto, si bien de igual forma traduce la confianza que en tal sentido se empieza a tener de cara al final del año, con menores cifras de inflación, según acaba de revelar el Dane.

Frente al desempleo, tampoco sorprende que el pesimismo sea grande, como que el 52% acepta un comportamiento creciente, confirmado asimismo por las últimas estadísticas oficiales, las cuales situaron la tasa por encima del 12%, o sea, con tendencia al alza. Esto era de esperarse, además, por la desaceleración de la economía, con una tasa de crecimiento hacia abajo.

Algo similar cabe decir con relación a la pobreza. Al fin y al cabo el propio gobierno nacional ha advertido, con insistencia, en que el deterioro de la producción genera funestas consecuencias sociales, no siendo entonces gratuita la percepción de que este problema aumenta igualmente y, sobre todo, carece del tratamiento adecuado en programas de salud, educación y vivienda, los cuales son puestos en entredicho.

Se cuestiona, en fin, la política social que tanto proclaman las autoridades de turno, quienes en cambio deben estar de plácemes por el mayor optimismo sobre el sector agropecuario, el cual coincide de veras con su incipiente recuperación que este año llevaría a un crecimiento cercano al 5%, tanto como con la caída de los precios de los alimentos al llegar las cosechas.

O por el respaldo, en un 62% de la opinión, al manejo económico del gobierno, como si las críticas por los problemas mencionados se orientaran hacia otro lado, verbigracia hacia el Banco de la República por su incremento desproporcionado de las tasas de interés. ¿Será?
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