¿Y el dólar, qué?
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El dólar viene subiendo en Colombia de manera significativa y parece que seguirá así.
La semana pasada subió $60; ayer volvió a elevarse, ya no sólo superando la barrera de $1.900 sino acercándose a los $2.000, y todo indica que continuaría esa tendencia alcista, según expertos. Pero, ¿qué está ocurriendo? ¿Dejamos, por fin, la fuerte revaluación del peso que traíamos?
Para empezar, este fenómeno, igual que la inflación como dijimos en pasado editorial, responde especialmente a causas externas, relacionadas con la moneda norteamericana, cuya debilidad anterior tenía porqué revaluar a la nuestra mientras su fortaleza actual la devalúa. Es una prueba más, sí, de los nuevos paradigmas que impone la globalización.
Pero, sigamos. El fortalecimiento del dólar es mundial, de ningún modo exclusivo con el peso colombiano. En efecto, un reciente informe periodístico mostraba cómo, desde mediados de julio, se ha valorizado 8% frente al euro, 9% frente a la libra y 5% frente al yen, logrando el euro y la libra su nivel más bajo ante el dólar en seis meses y dos años.
Ahora bien: ¿cómo explicar el sorpresivo repunte, cuyo enorme impacto en la economía internacional salta a la vista? Ante todo, por la situación económica de Estados Unidos, al menos en comparación con otros países desarrollados, que no resultó ser tan negativo como se esperaba. ¡El crecimiento del segundo trimestre superó con creces al primero!
Y claro, por doquier se empiezan a destacar signos positivos que justifican el optimismo en cuestión: que Bernanke se declaró partidario del nuevo proceso en marcha, temiendo por la citada debilidad del dólar; que la inflación está cediendo, ante la baja del petróleo y los alimentos; y que hasta elevarían de nuevo las tasas de interés por el crecimiento…
No obstante, también hay signos negativos. Aún la citada “reactivación” sería pasajera puesto que el consumo se reanimó por la devolución de impuestos, la cual no volverá a repetirse, al tiempo que las mayores exportaciones se explican por la debilidad del dólar que en los últimos días, al contrario, ha desaparecido. ¿Esto será, pues, flor de un día?
Recordemos, de otra parte, que la crisis hipotecaria no da su brazo a torcer, extendida al sector financiero; que el desempleo se encuentra por las nubes, por encima del 5%; y que el propio Fondo Monetario redujo sus proyecciones de crecimiento para los Estados Unidos al 1,3% en el presente año y a un escaso, irrisorio, 0,7% para el próximo.
Por último, es obvio que persisten los problemas estructurales, de fondo, de la economía norteamericana, como los llamados déficit gemelos –presupuestal y comercial-, aquellos que se pueden acentuar por la revaluación y las ofertas populistas en campaña electoral, donde los compromisos sobre más gasto público tienen porqué encender las alarmas.
¿En tales circunstancias –valga la pregunta- sí es sostenible la fortaleza del dólar, la cual no logra mantenerse en una economía débil, poco atractiva para los inversionistas? ¿Y cuál es la perspectiva del dólar en Colombia, donde los flujos de inversión extranjera no cederán por los altos intereses y el desmonte del control a sus capitales? Ya veremos.