Más sobre inflación
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A juzgar por las informaciones previas sobre la inflación de agosto, ésta debe haber sido favorable, revirtiendo la fuerte tendencia alcista que traía, tanto que los mismos precios de los alimentos decrecieron, registrando un crecimiento negativo
Es oportuno, pues, volver sobre el tema, aunque sea llover sobre mojado. Veamos, entonces.
En primer lugar, el positivo fenómeno a que aludimos es mundial. En efecto, durante los últimos días la inflación global también ha cedido por los menores precios del petróleo y otras materias primas (el oro, por ejemplo), así como de los alimentos, en los cuales sin duda pesa mucho la cotización del crudo. No somos, en fin, la excepción a la regla.
Y no lo somos por lo que tanto hemos planteado acá: esa inflación mundial es generada igualmente por factores globales, es decir, por la globalización, según se confirma con facilidad por las citadas cotizaciones de los combustibles y alimentos. Las pruebas que podemos mencionar al respecto son innumerables. Basta repasar la prensa internacional.
Más aún: ahí influyen a su vez factores especulativos, lejos de poderse explicar el alza de precios por la ley suprema de la oferta y la demanda sino más bien por esto, sumado al libre flujo de capitales a lo largo y ancho del planeta. En el petróleo, verbigracia, la especulación ha hecho de las suyas. Y aún en los alimentos, comenzando por el café.
En realidad, lo que tales situaciones revelan son los profundos cambios en la economía mundial, la cual pareciera estarse alejando del viejo paradigma según el cual la inflación sólo se controla a través de la restricción monetaria, como enseña la teoría cuantitativa. No. Dicho control monetario, en las circunstancias actuales, estaría mandado a recoger.
E incluso se pone en entredicho hasta qué punto la lucha contra la inflación, en especial a través del recorte de créditos y el aumento en tasas de interés, afecta necesariamente al crecimiento económico, el cual se debe preservar a toda costa. Como se sabe, éste es el principal debate en las distintas economías, al que tampoco en Colombia somos ajenos.
¿Hace mal el gobierno nacional, por consiguiente, al terciar en el debate y propugnar por una política monetaria que no dé al traste con el crecimiento de nuestra economía, mientras urge la disminución de las tasas de interés por considerar que no reducen la inflación y en cambio nos conduce a la desaceleración, aquella que ya salta a la vista?
Está en su derecho de hacerlo, claro que respetando la independencia del banco central, al que no puede imponer sus criterios. Sin embargo, cabe esperar que al fin su propuesta sea acogida, en consideración de la menor inflación no sólo interna, con tendencia a la baja en los próximos meses, sino también internacional. ¡Tenemos que volver a crecer!
Ello se justifica, además, en función de los intereses nacionales. Que haya coordinación de acuerdo con el mandato constitucional, como tanto hemos dicho. No que siga ese interminable tira y afloje, similar al que se tiene con las autoridades judiciales, situación que es vista con preocupación en los mercados externos, según sabemos…