Comercio en apuros
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Como estaba previsto, el pasado Congreso Nacional de Comerciantes, que se realizó en Santa Marta, estuvo centrado en la desaceleración del sector y, sobre todo, en sus menores ventas, reflejo a su turno
–valga recordarlo- del deterioro en el consumo, cuyo peso es significativo en la economía nacional. Pero, entremos de una vez en materia.

Para empezar, esa caída de las ventas se confirma en las cifras del Dane, o sea, a nivel agregado, del comercio en su conjunto, el cual registró durante el primer semestre un aumento de sólo 1,37%, muy inferior al 13,1% en igual período del año anterior. La caída, pues, fue del 13,1 al 1,37%, según datos oficiales, los cuales hablan por sí solos.

Pero, las encuestas de Fenalco confirman tales resultados y, lo que es peor, la tendencia en julio, cuando el 40% de los empresarios consultados reportó dicha disminución, la cual no se registraba desde comienzos de la presente década, en diciembre de 2002. La desaceleración, en fin, es evidente. O el estancamiento, como se ha preferido llamarlo.

Tanto es así que hasta las ventas con tarjetas de crédito se ven afectadas, naturalmente por los elevados intereses que nunca nos cansaremos de cuestionar, aquellos que en este caso se “disparan” por el pago de las comisiones a entidades financieras, según el viejo conflicto que sabemos. Con razón, hay temor de compradores, cuya mora es creciente.

Y claro, la preocupación es también por la alta inflación, a partir de un principio básico de la economía: cuando suben los precios, caen las ventas, al menos en la mayoría de los casos. Por fortuna, la citada reducción de la actividad no se ha traducido aún en el incremento del desempleo, fenómeno que de presentarse acabaría de agravar las cosas.

Por último, los voceros gremiales insistieron igualmente en que la demanda se resiente por el contrabando que no da su brazo a torcer, el cual se estimula con la pesada carga tributaria que ojalá no sea mayor en un futuro, como algunos críticos advierten. O por retraso en infraestructura, que golpea con rigor al comercio; o por inseguridad jurídica.

No obstante, Fenalco se declaró optimista a pesar del sombrío panorama descrito y, en especial, de que las mismas expectativas de los comerciantes fueran bajas con relación a los próximos meses. “No estamos en crisis”, aseguró el presidente nacional del gremio, Guillermo Botero Nieto, quien tiene porqué saberlo. Y porque lo justifica, además.

En efecto, todo indica que el segundo semestre es mejor que el primero en términos de ventas, acaso por incluir la temporada navideña, fuera del Día del Amor y la Amistad, entre otras celebraciones especiales. Y la inflación deberá ceder, si bien no en agosto por el paro camionero, igual que las tasas de interés, las cuales se encuentran en su tope.

De hecho, la confianza se basa también, como la de los industriales en el Congreso de la Andi, en sanas estrategias de los empresarios, es decir, de los comerciantes, quienes no podrán subir precios más de lo debido para evitar una mayor reducción de la demanda, al tiempo que mantendrán ofertas bastante atractivas para los prudentes consumidores.
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