Y del agro, ¿qué?
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Bogotá.
La semana pasada realizamos un nuevo Encuentro de Proveedores, esta vez del sector agrícola, conscientes de su importancia para los empresarios asistentes,..
...la economía nacional en su conjunto e incluso desde el punto de vista social, más aún cuando la tasa de desempleo rural, según las últimas cifras del Dane, sigue “por las nubes” y en alza.
Pues bien: igual que en anteriores encuentros, allí participaron, dada la amplia variedad y amplitud de las actividades agropecuarias y agroindustriales, subsectores como los de alimentos y confitería, grasas y aceites, cafetero, bananero, cárnico y azucarero, a través de empresas líderes, representativas, que explicaron sus políticas y planes de compras.
De hecho, por enésima vez se vieron los beneficios para unos y otros, naturalmente en sus respectivos negocios. Así, las grandes compañías se favorecen por transparencia en las compras, más ofertas que pueden ser mejores en calidad y precios, etc., al tiempo que los proveedores (Pymes, en su mayoría) tienen la oportunidad de vender a aquellas.
Pero, es claro que la información sectorial resulta fundamental para el éxito del negocio, cualquiera sea. Recordar, por ejemplo, que el agro no ha sido ajeno a la desaceleración de la economía, con un crecimiento cada vez menor en los últimos años, si bien este año estaría por encima del PIB nacional (1,5%) por más productividad y expansión de áreas.
Al respecto, cabe destacar el comportamiento de las exportaciones, con un aumento, a marzo pasado, del 10% en volumen, por toneladas, aunque el menor valor, sumado a la revaluación del peso, nos termina afectando. Las perspectivas, sin embargo, serían favorables por el alza en los precios de los commodities en el mercado internacional.
Persisten, por desgracia, problemas como la baja rentabilidad del sector, atribuida por la SAC a los altos costos de producción, aquellos que por ejemplo se sintieron con rigor en los precios de los fertilizantes cuando las cotizaciones del petróleo se dispararon, una tendencia que en buena hora se revirtió y sólo parece volver en forma más moderada.
O el problema del crédito, cuya participación en el total es poca, irrisoria, prueba cabal del desinterés del sistema financiero por un sector del que suelen destacarse sus riesgos antes que sus grandes posibilidades en los mercados externos o temas como la seguridad alimentaria que en otras latitudes, en cambio, expresa una verdadera política de Estado.
O la necesidad de abrirse a nuevos mercados, dada la concentración en pocos de ellos y en algunos productos, y de sellar acuerdos de libre comercio como el que tanto hemos buscado con Estados Unidos, país que sigue alarmado por flagelos como el narcotráfico y el terrorismo, atizados precisamente por el atraso que padece el campo colombiano.
O el empresarismo, es decir, el auténtico manejo empresarial de los negocios agrícolas y pecuarios, donde la responsabilidad recae sobre los mismos agricultores y ganaderos, aún sobre sus proveedores y sobre los industriales del ramo, quienes deben actuar de manera concertada, solidaria, para evitar situaciones irregulares, conocidas por todos…