Inelasticidad marginal de los impuestos
Gabriel Melo Guevara - 0 Comentarios
Bogotá.  La elasticidad marginal de los recaudos tributarios disminuye a medida que las tarifas sobrepasan ciertos niveles. Si continúan subiendo, se vuelve negativa.

Esa elasticidad relaciona las tarifas impositivas con los ingresos que le produce al Fisco un impuesto determinado, si todas las demás condiciones permanecen constantes, y el calificativo de marginal indica que se refiere a las modificaciones en la tarifa. Es decir, muestra la relación entre cambios de la tarifa y variaciones en el recaudo.

Durante siglos se pensó que la elasticidad era en todo caso positiva, operaba automáticamente y, en consecuencia, el aumento tarifario le proporcionaba siempre mayores rentas al Estado. Aun en nuestros días, algunos fiscalistas creen lo mismo o al menos proceden como si lo creyeran, a pesar de las claras evidencias que demuestran lo equivocado de esta idea apoltronada, típica de la sabiduría convencional.

Ni el sol gira alrededor de la tierra, ni por subir los gravámenes se recauda más. Infortunadamente a la Hacienda Pública le ha faltado su Galileo...Todo eso a pesar de las claras demostraciones de inconformidad de los contribuyentes, que obligaron, en muchas ocasiones, a cobrar los impuestos por la fuerza y con penas brutales.

Y si las situaciones se extreman el disgusto de la comunidad explota, transformándose en franca resistencia contra lo que deja de considerarse una contribución, para convertirse en combustible de revoluciones como la Americana o de levantamientos como el de los Comuneros. Otras veces es la levadura de movimientos políticos, que galopan montados en su oposición a los impuestos, como el de Pierre Poujade en Francia.

Esas son reacciones desesperadas, por supuesto. Antes aparecen el escepticismo, la incomodidad, la molestia, el disgusto, la protesta, el rechazo y toda la serie de síntomas intermedios que preceden a una negativa a pagar más. Comienzan los retrasos y detrás viene la evasión. En ese instante, el rendimiento marginal de las alzas de tarifas primero se detiene y, enseguida, entra en su fase decreciente. Hasta que se vuelve negativo y más alzas no solo dejan de producir recaudos adicionales sino que disminuyen el total de los que se recibían.

Ante los anuncios de nuevos impuestos es hora de pensar en cuál etapa entramos, para no terminar en el peor de los mundos, con tarifas elevadas, una carga impositiva nominalmente muy alta y los recaudos estancados.
Puede haber amortiguadores que influyan en la velocidad con que se presentan estos efectos.

¿Ejemplos? La preexistencia de un impuesto temporal que se convierte en permanente suaviza el impacto, pues el sujeto pasivo ya venía pagándolo y, en el fondo, siempre abrigó dudas sobre la temporalidad. La propuesta de tributos con una destinación específica, que toque necesidades sentidas de quienes los van a soportar, hace más difícil criticarlos y más criticable evadirlos. La certeza del buen manejo de los dineros que se recolecten tranquiliza al ciudadano respecto al destino de los ingresos que trasladará al Estado.

La lista de paliativos puede alargarse. Pero tarde o temprano se sienten las consecuencias. Lo dice el análisis económico serio y lo ratifica la historia. ¿Vale la pena correr el riesgo? Sobre todo, ¿vale la pena correrlo con una recesión rondando por el mundo y una evidente desaceleración de la economía nacional?

CALIFIQUE LA NOTA
 
0
COMENTE
Para comentar sobre esta noticia usted debe estar registrado.