Aires de tango
Rodrigo Botero Montoya - 0 Comentarios
Bogotá. 

A finales de este mes se celebran unas elecciones legislativas en Argentina que pueden determinar si se consolida la modalidad actual de ejercer el poder en Buenos Aires o si por lo contrario, la nación austral opta por revindicar las directrices de la democracia liberal.

También está en discusión la conveniencia de conducir la economía de una nación semiindustrializada con la discrecionalidad que caracteriza el manejo de un fundo familiar. Las elecciones han adquirido el carácter de una consulta popular acerca de los resultados de la política económica de los últimos años y de la forma como conciben la administración del Estado Néstor y Cristina Kirchner.

Las circunstancias en las cuales transcurre el proceso electoral argentino difieren de las que se asocian con el comportamiento de una democracia consolidada. El gobierno pretende que la eventual pérdida de la mayoría parlamentaria atentaría contra la estabilidad política. La inconformidad de los voceros del sector agropecuario con un régimen de tributación confiscatoria ha sido comparada por Néstor Kirchner con un golpe de Estado "con tractores, en vez de tanques".

El calendario electoral se modificó para adelantar de octubre a junio la fecha de las elecciones de este año, con el fin de reducir el desgaste en popularidad que están produciendo la combinación de estancamiento con inflación. El país carece de acceso a los mercados internacionales de capital. La deuda externa con los gobiernos que hacen parte del Club de París y con un grupo de tenedores de bonos soberanos se encuentra en moratoria.

En el campo internacional, se han deteriorado las relaciones con Estados Unidos, España, México y Uruguay, entre otros, a la vez que se mantienen vínculos estrechos con el régimen autoritario venezolano. Una nación que fue considerada el granero del mundo corre el peligro de tener que importar trigo, maíz y carne a falta de una política agropecuaria coherente.

La trayectoria histórica argentina ha sido condicionada por el fenómeno del caudillismo que encarnan figuras como las de Juan Manuel de Rosas en el siglo XIX y Juan Domingo Perón en el siglo XX. Néstor Kirchner representa una variante contemporánea del autoritarismo, disfrazada de formalidades democráticas.

Intenta perpetuarse en el poder, sin necesidad de reformar la Constitución, intercambiando períodos presidenciales con su esposa. Ha sometido al sistema judicial y al órgano legislativo a la voluntad del ejecutivo.
Lo que ha tratado de implantar Néstor Kirchner como sistema de gobierno es lo que Guillermo O"Donnell denomina la democracia delegativa, para diferenciarla de la democracia representativa.

"La esencia de esa concepción es que quienes son elegidos creen tener el derecho y la obligación de decidir como mejor les parezca qué es bueno para el país, sujetos sólo al juicio de los votantes en las siguientes votaciones. Creen que éstos les delegan plenamente esa autoridad durante ese lapso. Dado esto, todo tipo de control institucional es considerado una injustificada traba: por eso los líderes delegativos intentan subordinar, suprimir o cooptar esas instituciones".

Es una forma de ejercer el poder "que se niega a aceptar los mecanismos institucionales, los controles, los debates pluralistas y las alianzas políticas y sociales que son el corazón de una democracia representativa".
Esta forma arbitraria de conducir el gobierno ha producido polarización política, desconcierto económico y malestar social.

El previsible resultado electoral sugiere que este modelo político será reemplazado por dos grandes coaliciones, de centroizquierda y de centroderecha, que competirían en forma civilizada por la presidencia en el año 2011. Este desarrollo sería motivo de regocijo para la patria de Alberdi y de Sarmiento y para quienes defienden los principios democráticos en América Latina.
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