Los debates que demarcan la primera década del resurgir de los escombros se entretejen entre una recuperación física, casi milagrosa y en tiempo récord, y los problemas sociales y económicos que ni siquiera las bellas construcciones que surgieron luego del sismo pueden tapar.
Quindío no ha podido zafarse del lastre del desempleo y preciso la tierra se movió en el peor momento y en medio de una crisis cafetera. Según datos del Dane, en la última década esta zona sostuvo entre 2002 y 2005 tasas de desocupación por encima de 19 por ciento, las más altas del territorio nacional. En 2007, el promedio bajó a 13,7 por ciento.
Para el gerente de la Fundación para el Desarrollo del Quindío, Luis Fernando Velásquez, el proceso de reactivación del Eje Cafetero no propició la tan anhelada reactivación económica por una razón: "faltó inversión en ese campo", asegura. Es más, el presidente del Comité Intergremial de este departamento, Guillermo Jaramillo, no duda en señalar que lo único que le faltó al proceso fue la recuperación económica.
En la región afectada, 26 municipios y dos corregimientos del Eje Cafetero, norte del Valle y Tolima, se levantaron más de 200 edificaciones, se construyeron cerca de 15.000 nuevas viviendas, se reconstruyeron otras 84.400, se hicieron colegios, hospitales y casas de la cultura, que propiciaron un repunte temporal y una dinámica local nunca vista antes en sectores clave como la construcción y el comercio.
Sectores
Según el coordinador de Acción Social en Quindío, Pedro Pablo Castro, entidad que liquidó al Fondo para la Reconstrucción del Eje Cafetero (Forec) y terminó lo que quedó pendiente, en la zona se invirtieron más de 1,6 billones de pesos en la reconstrucción, conseguidos por el gobierno de turno (Pastrana). De ese monto, dijo, 70.000 millones fueron a propiciar a recuperar y reactivar el tejido económico.
Pero poco se vieron en la economía, especialmente en los municipios afectados donde hay problemas sociales. El presidente de la Cámara de Comercio de Armenia, Rodrigo Estrada, sin tapujos reconoce que "La Ley Quimbaya propició una dinámica empresarial entre 2000 y 2002, pero su efecto se apagó antes de expirar el tiempo para acogerse a ella, porque llegó justo en un momento de recesión y porque faltó acción coordinada y concertada entre Gobierno, sector privado y gremios para haber montado una gran promoción”.
Al final de cuentas se acogieron menos de 100 empresas, la gran mayoría pequeñas, que solicitaron renta exenta por 74.535 millones de pesos, que aunque generó empleo no tuvo el impacto esperado. El Quindío no alcanza a representar el uno por ciento del PIB nacional, circunstancia que tenía, incluso, antes del sismo.
Pero esta década de recuperación no fue tan perdida. Si bien el Forec enfocó casi toda la inversión en la parte física, y la Ley Quimbaya no movió las inversiones esperadas, en medio del proceso de reconstrucción y entre los escombros se fortaleció el turismo –hoy el Eje Cafetero es el segundo destino del país- y surgieron sectores como el software, servicios en salud y agroindustria. "Sí hubo cambio de mentalidad. En el tema del registro mercantil ha habido dinámica y nuevos negocios. Hoy por ejemplo tenemos tres o cuatro proyectos de parques temáticos en remojo", sostuvo Estrada.
Quindío sigue buscando su oportunidad de reactivación, ahora menos dependiente de la agricultura y del café.
Se hizo la
tarea: Acción
Social
Aunque faltó la recuperación del tejido económico, en términos generales el modelo utilizado para reconstruir a la zona devastada por el sismo –los recursos fueron ejecutados por 27 Ong, coordinadas por el Forec, fue catalogado de exitoso. De acuerdo con el coordinador de Acción Social, Pedro Pablo Castro, entidad encargada de finiquitar el proceso, todo lo previsto para construir se hizo en un ciento por ciento y no quedó, aseguró, problemas ni líos legales que tuvieran que ver con corrupción.